Cinco mecanismos, un mismo principio: la deducción fiscal no es un ahorro personal que se evapora en consumo — es un Dividendo Social que el Estado coinvierte contigo, y que puede reinvertirse, año tras año, en la causa que elegiste.
Es un fallo de fricción, no de voluntad: el dinero pasa por la cuenta del donante antes de poder reinvertirse, y ese paso intermedio es donde la intención se pierde. Cada iniciativa cierra esa fricción en un contexto fiscal distinto.
El Estado ya ha decidido devolver ese dinero — la deducción no le cuesta un euro adicional. Lo único que cambia es el destino de la transferencia: en vez de volver al donante como ahorro, se reinvierte automáticamente en la causa. Es la misma lógica del interés compuesto aplicada a la generosidad.
Precompromiso capturado en el pico de generosidad, antes de que la fricción lo disuelva.
El contribuyente deja de ser "pagador" pasivo y pasa a coinvertir junto al Estado.
Cada ciclo de devolución reinvertida genera la siguiente deducción — efecto compuesto real.
Cada iniciativa activa un instrumento fiscal distinto: la casilla del IRPF, el modelo de nómina, la bolsa de caridad, la sección del código tributario estadounidense o la venta de segunda mano.
El marco teórico completo detrás de Redona: la fiscalidad como nutriente, la economía del comportamiento como empujón, la matemática financiera como motor y la tecnología como habilitador. Obra de difusión libre.
El proyecto nace de más de dos décadas de trabajo en innovación social — desde la cofundación de iniciativas solidarias en 2002 — combinadas con una carrera de más de 25 años en digitalización dentro de una entidad financiera del sector bancario español. Ese cruce entre finanzas y sector social dio forma al concepto de Dividendo Social: aplicar la lógica del interés compuesto, habitual en la inversión, a la generosidad.